respeta al almirante

Jorge y Marian

Publicado: 2011-11-21

La semana antepasada tuve el honor de presentar el libro de fotografías de Jorge Deustua y Marian Drew que recoge la muestra que se exhibe en las salas del Centro Cultural Garcilaso de la Vega del Ministerio de Relaciones Exteriores, abierta al público hasta fines de enero. Los cuadros en gran formato se venden ahí mismo. Y como no solo de pan vive el hombre, me permito incluir en este espacio el texto que leí el día de la presentación.

Hay dos cosas que he descubierto luego de recorrer esta maravillosa exposición y mirar este impecable libro. Uno, que a contramano de lo que nos enseñaron desde niños, la materia inanimada tiene alma y dos, que es verdad que la fotografía roba el alma a los retratados.

¿Cómo no sentir que los árboles caminan, que las rocas susurran, que las arenas del desierto y de la playa se conmueven, que las hojas bailan con el viento o que las sombras de la noche nos abrazan? Ahí está la prueba.

Claro que Jorge y Marian lo descubrieron hace tiempo y funcionando en tándem se metieron a indagar en los misterios que la noche oculta. Para ello, recorrieron países y paisajes, cruzaron mares y ríos, y miraron bosques y montañas.

La magia, la sorpresa y la propia mirada de los fotógrafos fue construyendo realidades diferentes y redescubriendo una vida que nace más allá de lo evidente. Porque la misma piedra o roca fotografiada quince mil veces al día por turistas y aficionados, adquiere un soplo de vida que la hace distinta, sobrecogedora, neonata.

Los australianos gustan caminar sin zapatos, Marian también. Ella sabe que moverse en la oscuridad exige cuidado pero sobre todo tener consciencia del propio cuerpo. Jorge dice que lo metían en un cuartito oscuro porque era un niñito osado y travieso. Ninguno rehuyó las tinieblas; antorchas y linternas les permitieron descubrir formas insinuantes, caprichosas, más ligadas al hechizo que al sobresalto.

Cuando Marian y Jorge se conocieron ambos tenían una larga trayectoria fotografiando sus propios paisajes, sus propias naturalezas, pero este encuentro los llevó a reflexionar sobre el paisaje como un receptáculo de la memoria, una suerte de caja negra que conserva, indeleble, las huellas de un pasado todavía no revelado a la humanidad.

Entonces volvieron al fuego iniciático para alumbrar la noche con haces de luz con los que iban dibujando contornos, bordes y superficies dando movimiento a esos objetos hasta entonces inertes. Así como el legendario Rey Arturo en la Edad Media reclamaba “cuiden esta luz, mantenga el sueño vivo”, Jorge y Marian émulos contemporáneos de los portadores de luz en el comienzo del universo, quisieron volver a los orígenes para intentar desentrañar los misterios ocultos desde la noche de los tiempos.

Australia-Perú, Perú-Australia, los paisajes se integran, las historias se comunican, los idiomas se desvanecen, las visiones se hermanan, el mundo cada vez es más ancho y menos ajeno porque todo cabe bajo el cobijo de la madre tierra que, permítanme el sesgo de género, nos amamanta a todos.

Y como este libro está lleno de magia, quiero hacer una mención especial a Marta Núñez y Manu Ediciones. Marta vive en Nueva York y desde ahí comandó segundo a segundo el proceso editorial.

Claro que no lo hizo sola, la “collera” en pleno se involucró en este proyecto: Charo Velásquez en el diseño y Pedro Franco en la corrección de estilo. “La roca y el árbol” es un libro de fotografías, cierto, pero sobre todo es un libro que rezuma cariño, amistad, luz, energía, y algo parecido al misticismo, porque estoy segura que no solo el ojo sino el alma de Jorge y Marian están ahí.


Escrito por

María Elena Cornejo

Periodista especializada en gastronomía. Ha escrito sobre restaurantes en la revista Caretas y ha participado en diversos libros y colecciones relacionadas con la gastronomía.


Publicado en

Mucho gusto Perú

un blog gastronómico de María Elena Cornejo